Identidad en trazos: las influencias y los acercamientos pictóricos dentro de la obra de Ricardo Gómez Campuzano

Identidad en trazos: las influencias y los acercamientos pictóricos dentro de la obra de Ricardo Gómez Campuzano

Identidad en trazos: las influencias y los acercamientos pictóricos dentro de la obra de Ricardo Gómez Campuzano

Por Maria José Buitrago y Santiago Niño

Ricardo Gómez Campuzano, Palmeras, Valle del Cauca, 1967, 130 x 200 cm, Sala de arte Bancolombia

Para poder hablar del paisaje colombiano, hay que empezar por hacer un estudio de la obra Palmeras, Valle del Cauca, hecha por el artista colombiano Ricardo Gómez Campuzano en 1967. Esta investigación propone entender cuáles son los aspectos formales de la pintura que se puedan relacionar con la intención del artista de pintar de una u otra manera la obra. Para ello, se tiene como objetivo analizar y nombrar específicamente los aspectos de técnica y formato que utilizaba Campuzano, alineándose a su contexto, historia de vida y formación académica. Así mismo, dentro de la investigación se tendrán en cuenta las influencias estéticas que permeaban la vida y obra de Campuzano para entender las decisiones de sus pinceladas y formas de representación artística. Para ello, dentro de este texto, se presentará de primera mano una descripción de la obra con respecto a lo que se ve y cómo está pintada. Después, se presentará un análisis acerca de cómo el contexto, las influencias estéticas y los elementos pictóricos formales de la pintura se relacionan entre sí para hacer una interpretación de la evidencia visual que se está observando en la pintura. Por último, se hará una conclusión que englobe lo visto en conjunto a las descripciones del análisis que presentamos de la obra.

Figura 1: Ricardo Gómez Campuzano, Palmeras, Valle del Cauca, 1967, 130 x 200 cm, Sala de arte Bancolombia

Para empezar, es necesario destacar las características físicas y visuales de esta obra. Primero, esta pintura tiene un tamaño mediano (aproximadamente unos 1,30 x 2m), y está hecha al óleo. Este paisaje llama la atención por el contraste de los tonos azul, violeta, blanco pastel, verdes, naranjas y cafés fuertes. Asimismo, se observa una palmera como el punto focal del cuadro, que se lleva toda la atención de quien lo observa, para luego dirigir su mirada a los demás árboles, las nubes y el lago que refleja lo mencionado previamente. También, se resalta la forma en la que el artista hace el cielo a través de pinceladas circulares y probablemente rápidas para generar esa sensación de movimiento en el cielo, cosa que contrasta con la forma en la que están hechos los reflejos del lago. Las pinceladas del lago se notan mucho más cuidadosas, en líneas casi rectas horizontales para darle el movimiento al agua, y mezcla estas con pinceladas verticales para hacer el reflejo de los árboles y palmeras. No obstante, podemos deducir que la forma en la que da la sensación de volumen y de luminosidad alude al estilo impresionista, mezclando los colores en el lienzo y no en la paleta.

Sumado a lo anterior, podemos apreciar la forma en la que Campuzano trae las nubes hacia el frente del cuadro, siendo elementos que llaman al espectador, contrastando así con el fondo de la montaña, llevándolos hacia atrás a través tanto de la manera en la que produce las pinceladas, como en los tonos. Por otra parte, se resalta que entre más cerca el azul del cielo es mucho más fuerte, y cuando se aleja llega a un tono casi blanco que se camufla con el azul de las montañas del fondo. Las nubes con tonos amarillos contrastan con las sombras de tonos violetas y morados, y a su vez, los verdes claros de los árboles contrastan con los rojos y vino tintos de las sombras. Esta forma de iluminar el cuadro genera, además, una sensación de calidez propia del Valle del Cauca, posiblemente en horas tempranas de la mañana viendo de dónde proviene la luz y la forma en la que ilumina las nubes, los árboles y el agua. Agregando que, existe una cantidad considerable de texturas en el cuadro; la textura de los árboles se siente muy real, la textura del agua con su suavidad, la textura esponjosa de las nubes; logra perfectamente generar esas sensaciones en el espectador.

Ahora, para darle continuidad al análisis de esta obra, nos parece necesario contextualizar un poco el momento artístico que vivía el país en esos años. En Colombia, las vanguardias y otros movimientos artísticos como el impresionismo se demoraron muchos años en llegar a la escena ya que se veían con mucha incredulidad y escepticismo. Sin embargo, la academia española era muy bien vista y se tomó como modelo base para la educación y formación de los artistas, esto debido al contexto conservador y tradicional que se vivía en el país. A pesar de ello, en los años que el gobierno liberal rigió el país las academias vanguardistas tomaron mayor fuerza y se promovió esa nueva forma de hacer y apreciar el arte.

Entendiendo lo anterior, en este caso se destaca el movimiento artístico del impresionismo para situar el contexto del arte plástico en Latinoamérica.  El impresionismo es un movimiento que surgió a mediados del siglo XIX, el cual no fue bien visto durante sus primeros años. Esta forma de pintar se caracteriza por el uso de pequeñas manchas, líneas o puntos de diferentes colores, que al ser observados a cierta distancia generan la impresión, como su nombre lo indica, de tonos claros de luz, sombras e incluso nuevos colores que realmente no están en la paleta. La forma en la que se usa el pincel cambia completamente ya que pasa de ser usado cuidadosamente a producir pinceladas rápidas y generalmente en una misma dirección, o en su defecto en forma de x.  Los pintores impresionistas buscaban plasmar el momento, el instante, ya que eran pintores que trabajaban generalmente al aire libre. Además, se reconocían por pintar de forma alegre escenas al aire libre, representación inconsciente de su libertad, con motivos de paisajes y flores, mucho color y luz[1], entendiendo así que la observación de la luz era algo imprescindible y necesario para plasmar una sensación de realidad. En estos cuadros además de la luz, una característica esencial es el movimiento, el cual se empezó a recrear a través de “simples manchas de colores”. Por último, añadiendo que este movimiento fue muy mal visto por los académicos ya que era una total aberración para los criterios que había de lo que era bello en el arte de ese momento histórico. Por ello, la llegada del impresionismo a Colombia tardó entre 50 y 70 años debido al contexto del cual hablamos previamente.

El manejo que hace Campuzano de los colores es muy propio de los paisajes impresionistas. Estos artistas usaban -como se dijo previamente-, diferentes colores que al observarlos juntos generaban otros tonos, y esta es de alguna forma la técnica que usa Campuzano en los arbustos y pastizales de su pintura. A simple vista uno puede decir que solo hay color verde, café y un poco amarillo, pero al acercarse y observar detalladamente, podemos encontrar manchas naranjas, rojas, colores tierra, e incluso azules muy oscuros. No es lo único que podemos observar de las influencias impresionistas en la obra de Gómez Campuzano, quien entre otras cosas se caracterizó por ir un poco en esta línea de artistas latinoamericanos que se dejaron llevar por ese modernismo que llegó no sólo a Colombia sino a Latinoamérica. El momento en el que Campuzano realizó esta obra fue relativamente cercano a su muerte, por lo cual había dejado las formas tan académicas y se había dejado llevar por este modernismo. Como podemos observar en esta obra, hay mucha influencia de los artistas impresionistas en la forma en que se usa el color, en la que se realizan las pinceladas y en lo que genera la sensación de luminosidad a través del trazo diferente y algo espeso.

Ahora, para poder entender la forma en la que la obra fue hecha, es necesario destacar y situar la época en la cual Campuzano ejerció toda su carrera artística. Ricardo Gómez Campuzano nació en Bogotá en el año 1891, perteneció a la alta clase social, creciendo dentro de un contexto muy familiar y de tradiciones católicas. Campuzano, estudió en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá y la Academia de Artes de San Fernando en Madrid, lo que generó que se inclinara todo su proceso artístico con técnicas y estéticas de la influencia del arte español y un fuerte desarrollo en su propia técnica a la hora de pintar. Se destaca el interés de este artista por plasmar el entorno que lo rodeaba y las diferentes atmósferas que se visualizaban ante la identidad de los paisajes, específicamente la de Bogotá, su ciudad natal, pero también de diferentes lugares del territorio colombiano.

En ese sentido, habiendo entendido el contexto de Campuzano, podremos empezar a analizar las influencias estéticas dentro de la obra. Los dos viajes que hizo el artista a España fueron determinantes para forjar un estilo y una técnica tan características. Aunque él tuvo su sello personal, se observa la influencia de artistas como Joaquín Sorolla o Manuel Benedito, resaltando que estos artistas mantienen una influencia artística del siglo XIX que enmarcan estéticas clásicas o “tendencias extranjeras que culminaron en el desarrollo de una pintura costumbrista, la cual se distanciaba en técnicas, temáticas y entornos culturales de los que se había nutrido la pintura durante la primera mitad del siglo XIX”, [2]entendiendo que las enseñanzas que Campuzano recibió se ven transformadas  dentro de sus decisiones específicas del pincel en la obra. La influencia de su viaje a España se refleja en la manera en las evidencias estéticas de su obra:

Su paso por la Academia de Artes de San Fernando en Madrid le permitió consolidar un estilo con claras referencias a una estética española. El cuidado en la técnica, la luminosidad y la influencia que recibió de artistas como el pintor español Joaquín Sorolla son un sello distintivo en su pintura. [3]

Esta influencia es evidente en la obra analizada ya que el uso de los colores para generar un movimiento es muy típico de las obras de artistas como Sorolla. Los cuadros del artista español se caracterizaban por el movimiento que generaba a través de sus pinceladas y por la forma en la que producía la sensación de luz a diferentes horas del día con el uso de la paleta de colores y su entendimiento de ese funcionamiento de la luz y la sombra traducida en sus cuadros. Las nubes de este cuadro son el claro ejemplo del manejo de los tonos blancos que Sorolla usaba en sus cuadros, no sólo de paisajes sino también en los vestidos de las mujeres y niñas que pintaba en la playa. A pesar de que en este paisaje no se puede apreciar tan explícitamente la influencia de estos artistas impresionistas, luministas y postimpresionistas, sí se refleja en el uso de los colores, los tonos y sobre todo la luminosidad de este cuadro. Esto deja en claro la influencia paisajística española dentro de la obra Palmeras.

Otro punto para resaltar son los elementos del paisaje con relación al contexto dentro de la composición. Estas configuraciones -el agua, la palmera, las montañas-, nos sugieren una mirada del paisaje como transformador del significado, sin llevarnos a la literalidad de la primera impresión visual. Es decir, Campuzano alude dentro de su obra características de lo nacional, del territorio y su identidad sin llevarnos a la literalidad de este, específicamente resaltaba -casi que irrealista por sus colores- la riqueza del territorio y su identidad en torno a su estética. Esta era una mirada idealista, los colores son llamativos, pasteles y sin manchas oscuras, en definitiva, llena de luz, “Era la visión de un bogotano, nacido en la capital, educado, que añoraba esa tranquilidad que tenía en su finca de la Sabana” [4]resaltando así un lenguaje desde la mirada pacífica con aires de resignificar.

Campuzano, era un artista del retrato, de la historia, y del paisaje. Y como todo artista que retrata el paisaje, debe viajar, así que moverse entre el territorio en el que se vive, permite que la mirada del artista empiece a generar un asombro frente a sus nuevos esquemas mentales ante la primera visualización del lugar, del territorio, de la montaña, y de la hoja nueva que no existe dentro de su hogar. Para los viajeros, la tierra se podía convertir “en un maravilloso espectáculo” y en sus retratos se puede observar la admiración y el disfrute que sienten por el entorno que están describiendo y retratando[5]. Entendiendo como la primera mirada permea y hace que el sentimiento y sensación por ese nuevo entorno se convierta en un lugar de enunciación del idealismo ante la hermosa realidad que se está viendo. En este caso, intenta así, reproducir la belleza de la apariencia superficial tal como se ve en las luces cambiantes y pretende captar el encanto del momento[6], teniendo así una imagen de la superficie y el territorio idealizado y lleno del color de la vida.

A inicios del siglo XX, la imagen general del círculo de los artistas plásticos empieza a tener un papel transformador y de vinculación a la sociedad mediante sus innovadoras estéticas y propuestas alternativas en sus obras presentadas al público. Esto sucede puesto que en Latinoamérica se fueron presentando diversas rupturas y nuevas posiciones políticas que generaban un centralismo, una desigualdad social y políticas conservadoras en todo el territorio. Muchos de los artistas de la época entraban a formar una identidad en sus obras haciendo una renovación plástica o intentando generar un nuevo lenguaje que hiciera parte de lo que implicaba el cambio social por el que estaba atravesando Latinoamérica. Estos empezaron a tomar una voz, una identidad y un cambio social a través de sus obras para hacer presencia frente a los cambios políticos, económicos y sociales del territorio.

A pesar de que Campuzano tuviera una fuerte influencia por su trayectoria en la academia, estas formas rigurosas de ver la estética en su pintura fue transformándose a la par de que existía un cambio estructural en la historia Latinoamericana. A inicios del siglo XX, se empezó a tener una mirada más moderna y representativa de la realidad, esto se ve reflejado en la manera en la que los artistas plásticos concebían la sociedad conservadora y centralista del estado en el que vivían. Se empezaron a buscar en términos de lenguaje plástico, unos tintes enraizados en la realidad, es decir, “lo común en él es intentar romper con lo académico y lo parroquial”[7] marcando así y queriendo romper un poco con la estética académica para llevarla a un movimiento un poco más acorde a lo social y las tendencias políticas más liberales que marcaron la atmósfera tanto política como social de Latinoamérica.

Por ello, a pesar de que la obra muestra explícitamente figuras naturales como la palmera y el agua, esta también sugiere distintos elementos transformadores como las pinceladas e indicios de colores difusos que complementan y dan un resumen a la complejidad del paisaje. Por lo tanto, Campuzano, más allá de sus inclinaciones académicas en la pintura, este se permeó del estilo complejo de sugerir, pero tampoco de eludir cada elemento del paisaje. Así mismo, en la obra, más allá de ser un compendio de la mirada a un lugar del Valle del Cauca, resignifica como tal el paisaje como integración de elementos tanto sugerentes como explícitos, aquí “el paisaje por lo tanto se convirtió en un signo de modernidad para la sociedad colombiana [8]”. Por lo tanto, la complejidad del paisaje se volvió un eje esencial de dignificar el territorio, de llevarlo a una mirada más conocida y entendida por todos.

Se interpreta además, que la mirada y la forma en la cual Campuzano observaba y reconoció el territorio fue más por una imagen de admiración y belleza, sin embargo, entendiendo todo el contexto anterior, y la forma en la que a nivel estructural se fueron cambiando las dinámicas sociales – y por ende, artísticas también – en Latinoamérica, en este caso, sí se puede enmarcar la obra como un reconocimiento del paisaje como configuración de elementos que se quieren destacar por su belleza, su forma y sus colores que, a la mirada de Campuzano, tienen un sentido estético para el público que lo observa.

La mirada, en este caso, es la que le da el significado al paisaje, es decir; la mirada académica, la mirada que se fue transformando por la coyuntura social y política, la mirada de las influencias españolas, la mirada ingenua de no ser un paisaje político, y la mirada de un material que genera unos colores vivos, con unas pinceladas impuestas de manera pensada y fuera de la academia del perfeccionismo. Ver esta obra es entender que se debe ver bajo una mirada que se ve influenciada bajo diferentes paradigmas, que no se configura de un solo imaginario. Aquí, se entiende la obra como un compuesto de formas de ver, de observar y sentir el paisaje como configuración social tanto por el artista como por el espectador que lo ve y lo siente.

Para concluir, si bien Campuzano no hizo explícito un interés político de resignificar el territorio por sus condiciones e historia dentro de sus obras, se puede resaltar la manera en la que los elementos pictóricos que componen la obra reflejan las consideraciones y contexto que configuraba al artista. Entendiendo que este no desliga su mirada académica, ni su mirada educada ante el pintar el paisaje a través de una narrativa poética del territorio. Este artista tiene unas influencias a pesar de que no se haga explícito en su historia de vida, se ven reflejadas en la manera en la que revisita y estructura su obra.

Bibliografía

Álvarez, Ana. Resignificación del territorio a través del paisajismo. Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira, 2017.

Banco de la República, “De Bogotá a España, Identidad Nacional e HispanismoIdentidad Nacional e Hispanismo [base de datos en línea] 2018. Disponible en https://www.banrepcultural.org/exposiciones/ricardo-gomez-campuzano/de-bogota-espana

Bernal, Héctor. “La explicación a la pintura del impresionismo”. Nómadas 33, (2012).

Borja, Jaime. “La tradición colonial y la pintura del siglo XIX en Colombia”, Análisis. Revista Colombiana de Humanidades, 79 (2011): 69-101.

Cabañas Bravo, Miguel, Amelia López-Yarto Elizalde y Wifredo Rincón García. El arte y el viaje. Madrid: Editorial CSIC Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2011.

Garay Celeita, Alejandro. “Ricardo Gómez Campuzano”. Visto Por La crítica, 1910-1930. Memoria Y Sociedad 13, no. 26 (2014):63-71.

Téllez, Guillermina. Miradas a la plástica colombiana de 1900 a 1950: Un debate histórico y estético. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2011.

[1] Héctor Bernal, “La explicación a la pintura del impresionismo”, Nómadas 33, (2012).

[2] Álvarez, Ana. Resignificación del territorio a través del paisajismo (Pereira: Universidad Tecnológica de Pereira, 2017).

[3] Banco de la República, “De Bogotá a España, Identidad Nacional e HispanismoIdentidad Nacional e Hispanismo [base de datos en línea] 2018. Disponible en https://www.banrepcultural.org/exposiciones/ricardo-gomez-campuzano/de-bogota-espana

[4] Alejandro Garay Celeita, “Ricardo Gómez Campuzano”, Visto Por La crítica, 1910-1930. Memoria Y Sociedad 13, no. 26 (2014):63-71.

[5] Miguel Cabañas Bravo, Amelia López-Yarto Elizalde y Wifredo Rincón García. El arte y el viaje (Madrid: Editorial CSIC Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2011).

[6] Bernal, “La explicación a la pintura del impresionismo”, p. 5.

[7] Téllez, Miradas a la plástica colombiana de 1900 a 1950: Un debate histórico y estético (Bogotá: Universidad Externado de Colombia, 2011).

[8] Jaime Borja, “La tradición colonial y la pintura del siglo XIX en Colombia”.