El paisaje en la pintura de Roberto Páramo: el caso de Paisaje Tapias de Adobe(1930)

El paisaje en la pintura de Roberto Páramo: el caso de Paisaje Tapias de Adobe(1930)

El paisaje en la pintura de Roberto Páramo: el caso de Paisaje Tapias de Adobe(1930)

Por Natalia Landinez y María Paula Rodríguez

Roberto Páramo, Paisaje Tapias de Adobe, 1930, óleo sobre cartón, 14 x 10,5 cm, Colección Sala de Arte Bancolombia

En la Sala de Arte de Bancolombia se encuentra una colección de cuatro pequeñas pinturas realizadas por el artista Roberto Páramo, sin embargo, hay una que destaca entre las demás por su encuadre vertical. Se trata de Paisaje tapias de adobe, que fue realizado en el año de 1930. Como su nombre lo indica, este es un paisaje que representa una vista de la Sabana de Bogotá, pintado al óleo sobre cartón en un tamaño postal (14 x 10,5 cm). Llama la atención por su tamaño particular, ya que, a pesar de su formato, logra mostrar con detalle el espacio representado. En el presente texto se hará un análisis del formato, técnica y soporte de esta obra para reflexionar cómo Roberto Páramo consigue conmovernos al representar escenas sencillas de la naturaleza limitando al mínimo posible los recursos pictóricos para lograrlo. Esta particularidad en las obras del artista es una de las mayores cualidades que identifican su trabajo artístico.

Roberto Páramo nació en Medellín en el año de 1863. Creció en una finca a las afueras de su ciudad natal, que pudo haber despertado en él un interés creciente hacia la naturaleza. Muy joven se trasladó a Bogotá, en donde tuvo un primer acercamiento hacia el ambiente artístico que se encontraba en auge en ese momento en la capital, y en el año de 1886 ingresa a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Páramo se hizo docente de esta Escuela y participó en varias exposiciones, como por ejemplo la Primera Exposición Anual, la Exposición de Sevilla, la Exposición Leonardo da Vinci en Milán, entre otras[1]. Según el curador y crítico de arte, Eduardo Serrano, en su libro La Escuela de la Sabana, las obras de Roberto Páramo pueden considerarse miniaturas, pero no en el estricto sentido de la palabra de la milenaria técnica que lleva este nombre, sino por las pequeñas dimensiones de sus obras[2]. En el año de 1930, Páramo pinta Paisaje Tapias de Adobe; una obra que representa una vista de la Sabana de Bogotá; en el que su principal enfoque es el paisaje y la arquitectura propia del lugar. La pintura se encaja verticalmente; este tipo de encuadre es poco usual en la pintura de paisajes, de manera que se podría pensar que existía el deseo por parte de autor de destacar las formas arquitectónicas que participan del cuadro y darle una mayor cabida al cielo, que perderían sentido en una composición horizontal.

Roberto Páramo solía salir por la Sabana de Bogotá, junto con su amigo y colega Fídolo  José Alfonso González Camargo, y cada uno interpretaba su visión del paisaje con su propio estilo[3]. Adicionalmente, se dice que Páramo nunca salió del país, de manera que todas sus obras de paisajes son representaciones de la Sabana de Bogotá. La mayoría de sus obras fueron paisajes al óleo en pequeño formato. “El tamaño reducido de sus obras obedece a razones que nada tienen que ver con el desarrollo o las características de esta milenaria modalidad artística”[4], explica Serrano en su libro. El reducido formato de sus obras se debe a que Páramo usaba tarjetas postales como soporte, las cuales se popularizaron en el siglo XX, por las épocas en que él hacia sus obras, ya que estas le permitían salir y pintar al aire libre de manera más portable de lo que sería un lienzo de tamaño más convencional[5].

En su cuadro Paisaje Tapias de Adobe, no se representan personas, la presencia del ser humano en esta obra se refleja de manera muy indirecta en las ruinas de unas construcciones arquitectónicas antiguas[6]. Según Piedad Sánchez, el paisaje es el protagonista de la pintura, y esta no se comporta como el fondo de algunos personajes, sino que este es el resultado de la contemplación de la naturaleza[7]. Esto podría explicar por qué la obra está hecha en formato vertical y no horizontal. En pinturas como Monserrate de Giovanni Ferroni (1897, Museo de Arte Miguel Urrutia), en el que el centro de interés de la obra es la capilla de Monserrate, esta ejemplifica cómo a través del uso de un formato vertical el autor consigue destacar la monumentalidad de esta pieza arquitectónica al obligar al observador a hacer un recorrido visual de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, movimiento de los ojos que no se haría en un formato horizontal, restándole importancia al monumento en el espectador.

El pequeño formato de la obra de Ferroni puede considerarse también como una miniatura. Sin embargo, esta pintura demuestra una mayor rigurosidad en la definición de las formas que la componen, en tanto que la obra de Páramo resulta más esbozada. Alejándose así del verismo que era tradicional en este tipo de género, Roberto Páramo elimina particularidades tales como sería el humo, gallinas, ollas, en busca de rendirle culto al paisaje[8]. Sus obras se caracterizan por ser austeras, sin mayor detalle que complejice sus escenas, por este motivo el paisaje es el centro de interés y adquiere todo el protagonismo sin la necesidad de involucrar ningún ser humano o cualquier otro pretexto dentro de la obra.

Roberto Páramo en ocasiones es considerado como uno de los grandes artistas de paisaje en tamaño pequeño, sin embargo, este formato proviene de una larga tradición que surge en el costumbrismo en el país. Entre los años de 1830 y 1880, muchos de los artistas de la época comenzaron a practicar la miniatura, técnica que surge como manera de “fotografiar” a las personas o como alternativa del daguerrotipo, ya que este era demasiado costoso. La miniatura era la manera predilecta de las personas para ser retratadas, aunque esto conllevó a que todos los artistas pintaran de manera similar, unificaran expresiones y perdieran identidad. En este periodo, las miniaturas eran mayormente utilizadas para representar personajes políticos, personajes de la sociedad bogotana, siluetas militares, magistrados, profesionales, comerciantes, funcionarios e incluso clérigos[9]. Además, en Colombia la miniatura tuvo un gran uso en el registro botánico, como nos comenta el historiador Gabriel Giraldo “El dibujo de plantas, en que se atendía por una parte a la exactitud científica y por otra a la perfección artística, la técnica misma empleada en las acuarelas, el culto de los detalles, la fidelidad objetiva, todo contribuyó a que el dibujo botánico derivara, naturalmente, hacia el retrato de reducidas dimensiones”[10]. La función principal que tienen las miniaturas es su portabilidad, gracias a su pequeño tamaño, que permite invertir menos tiempo al realizar la pintura, y se puede cargar con mayor facilidad que un lienzo, motivos por los que podría decirse que Roberto Páramo prefería realizar sus pinturas en este formato.

Para entender la miniatura, comprender su función y el motivo de uso de esta, se tiene que apreciar su valor técnico y la complejidad de su labor. Giraldo entiende por miniatura como:

Arte esencialmente refinado, cuyas escasas dimensiones hacen que toda la energía descriptiva y la fuerza creadora se aúnen, se aíslen, se refugien, por así decirlo, dentro de muy cortos moldes materiales, atendiendo más a la calidad de los elementos que lo forman que a su cantidad, y que tiene como objetivo directo y fundamental el culto por el detalle, la apreciación paciente y minuciosa de lo aparentemente insignificante, pero lleno en sí mismo de contenido y de trascendencia[11]

La miniatura tiene una gran preocupación por la calidad en la que representan los objetos, en este caso específico el paisaje. Si bien, esto parecería ser evidente en la obra Paisaje  de tapias de Roberto Páramo, en la cual podemos apreciar pequeños detalles, como la ropa colgada al lado de la casa, las pequeñas cercas, la textura del tejado de la casa, la preocupación por mostrar los diferentes verdes de los árboles y pasto, y el sumo cuidado de que los colores del cuadro conserven una atmósfera de clima templado, casi frio de la Sabana, la obra de Roberto Páramo no puede considerarse como miniatura. Tal como menciona Giraldo: “no pueden considerarse estrictamente sus paisajes como labor miniaturística, entrando más bien en el género del paisaje reducido al que han sido tan aficionados los pintores quiteños de todas las épocas”[12]. Páramo no tenía interés en ser denominado artista miniaturista, si no que usaba este formato por su portabilidad, y también por economía, ya que pintaba sobre tarjetas postales, dándoles a estas un segundo uso a manera de reciclaje. En las obras de Páramo se aprecia un disfrute de la actividad, pero al mismo tiempo una planeación de la obra, como podemos ver en las Fig. 2 y 3, donde se aprecian unos trazos en lápiz, que al parecer servían como guía para saber hasta donde tenía que llegar la pintura. Cabe aclarar que el dibujo era esencial en la práctica artística de Roberto Páramo; como menciona Serrano, Páramo entendió desde muy temprano la importancia que tiene el dibujo en el arte, sobre todo en el área de plásticas, lo que lo llevó a dibujar y enseñar el dibujo durante casi toda su vida[13]. Este pensaba que dibujar era un ejercicio importante en el arte; por lo cual se puede deducir que es muy probable que debajo de la pintura se encuentre un boceto  del paisaje.

Roberto Páramo tenía un gran cuidado e interés por representar la belleza del paisaje de la Sabana, y lo hacía desde la simplicidad, lo cual lo llevó a diferenciarse de otros artistas de la época. Como menciona Serrano “lo que le interesaba a Páramo de la Sabana era su colorido parco, húmedo y triste, y sobre todo ese cierto orden que resulta de su planimetría y que es perfectamente detectable en sus potreros y sembrados”[14]. Páramo lograba plasmar el ambiente frio y nublado de la Sabana, por medio de los cielos grisáceos, el uso de tonos fríos y la falta de colores vibrantes y cálidos. Además, es importante mencionar el cuidado en la composición en sus obras, Páramo ordenaba el paisaje para “guiar el ojo suavemente, sin sobresaltos, de un plano al siguiente”[15]. Esto es evidente en el cuadro Paisaje Tapias de Adobe, en donde se observa una división muy clara pero sutil entre el cielo y la tierra, utilizando las montañas como transición entre estos dos elementos. figura 3 – figura 2

El estado de conservación de la obra Paisaje Tapias de Adobe, es bueno en general, salvo unas esquinas que están un poco redondeadas por efecto del desgaste dada la fragilidad del material. Roberto Páramo pintó directamente sobre un cartón de un espesor de milímetro y medio aproximadamente. No aplicó ninguna imprimación a la base, sino que aprovechó el color del soporte para producir contraste entre el tono cálido del material y los grises fríos que usa en su obra. Aplicó una pintura a media pasta, es decir que esta no era ni muy fluida ni muy espesa. Su técnica de trabajo es muy tradicional, ya que consistía en hacer las sombras ligeras y las luces algo más empastadas, sin llegar a producir efectos texturales muy notorios en el acabado del cuadro. Trabajaba a la prima, manejando el pincel con trazos rápidos que producen un efecto de una pintura muy espontánea y segura; da la apariencia de ser una pintura esbozada sin mayor esfuerzo. Incluso, en los bordes de la obra Paisaje Tapias de Adobe no se preocupó por cubrir toda la superficie del cartón, confiriendo un carácter de inmediatez que se consigue gracias a una gran experiencia y habilidad en el arte de la pintura.

El realismo que se expresa a través de sus obras lo consiguió mediante la pintura en plein air -al aire libre-. Las condiciones cambiantes de iluminación que se producen al pintar en exteriores lo llevaron a trabajar en pequeños formatos que le ofrecen la posibilidad de trabajar más rápidamente. La paleta de colores de Roberto Páramo era muy restringida. Posiblemente haya estado conformada por blanco, negro, tierra de siena tostada, amarillo ocre, azul ultramar, azul cobalto y verde viridián. Usar una paleta limitada y controlada de colores, le facilitó las mezclas de estos y la creación de armonías logrando expresar una atmósfera de unidad en la pintura. Una gama amplia de colores haría más complejo el trabajo y el transporte del equipo requerido para pintar.

El método de trabajo de Roberto Páramo obedece a la tradición de la pintura académica. Usualmente las obras de paisajes se inician por el cielo, que es la parte del plano más lejano y se trabaja progresivamente de atrás hacia adelante, sobreponiendo planos para producir la profundidad espacial en el área. En el arte occidental, se toma esta búsqueda desde el Renacimiento. El pintor después de haber trazado las líneas del dibujo produce una mancha general en la parte superior del cartón para el área del cielo, que en el caso de Paisaje Tapias de Adobe ocupa casi la mitad del soporte. Se observan unos cúmulos, que son nubes grandes de aspecto de montañas nevadas y bordes brillantes, que ocultan parte de una montaña muy grande que está ubicada al lado izquierdo de la otra montaña más pequeña. Para expresar su majestuosidad y peso, estas montañas fueron trabajadas con pocos detalles con una mezcla de azul ultramar muy agrisado de manera muy esquemática.

En superposición a las montañas, representado en un plano más cercano, se observan una masa compacta de aproximadamente doce árboles altos y esbeltos, pintados con trazos verticales de color verde oscuro que contrastan con el gris de las montañas. La pintura fue frotada dejando ligeramente las marcas. En beneficio de la profundidad, el artista ha sabido eliminar los detalles de las hojas para trabajar más el concepto de masas. Al lado derecho del cuadro, sobre la montaña pequeña, parece que Roberto Páramo sugirió la existencia de unos árboles aún más alejados que el conjunto anteriormente descrito, que toman una coloración muy cercana al de la montaña. Acercándose más al primer plano, en la parte baja se representan alrededor de diez árboles más pequeños de color verde manzana que se sobreponen a los oscuros, siendo estos más bajos y cercanos a la masa de bosque. Con tono claro, los troncos de los árboles se pintan a través de unas verticales.

En el segundo término, Roberto Páramo representó el motivo del cuadro que le da el título a la obra. Se trata de una casa de un solo piso muy rudimentaria con una puerta, posiblemente en estructura de mampostería artesanal, hecha con adobe y techo de paja. Su altura se debe al frio clima de la Sabana que permite una mayor conservación del calor. Se puede presumir que representa una vivienda campesina en malas condiciones. A la izquierda de la construcción, se observa ropa colgada secándose a la intemperie y a la derecha de la casa se distingue un muro pintado con cal blanca.

El adobe es un material de construcción conformado de masa de barro y paja, secado a la intemperie, sin necesidad de cocinarse al fuego. Este se utilizó desde la antigüedad en Mesopotamia, el antiguo Egipto, y en diversas culturas europeas, especialmente en la zona meridional. Su consistencia le da poca resistencia a la humedad, por este motivo se construye en este material en zonas poco lluviosas. En las zonas rurales de Colombia el adobe es muy utilizado por ser un material muy económico, asequible y de fácil manejo. El uso de materiales de construcción más convencionales está asociado a las grandes ciudades, es decir, que este material se asocia a la precariedad de la vida de los campesinos.

En el primer término se encuentra el plano más cercano ocupando la cuarta parte del cuadro, representando un pastizal que crece de forma natural trabajado a partir de tierra de siena tostada sobre la cual se aplicaron verdes estándar a través de trazos en diferentes direcciones que se funden y producen una imagen desenfocada.

El tratamiento general del cuadro es el de una pintura muy clásica que recoge la tradición del sfumato que viene desde el Renacimiento. En función de expresar la atmosfera que construye el paisaje, las formas se producen mediante el contraste de colores y no se delimitan las figuras con líneas de contorno. Páramo le confiere importancia al  segundo plano, se enfoca en describirlo y elimina los detalles del primer término acentuando de esta manera el centro de interés en la construcción. La pintura de Roberto Páramo se trataría entonces de una visión romántica con algo de nostalgia que recuerda las ruinas de la pintura clásica, que evoca la vida campesina que vive en una situación de marginalidad y desconexión de lo urbano, más cerca de la naturaleza sin violentarla. La presencia del hombre se ve reflejada a través de la construcción y de la ropa colgada, más su existencia no rivaliza con la naturaleza, sino que hace parte de ella.

El caso de Roberto Páramo es muy particular porque fue innovador, a pesar de realizar una pintura tradicional. Su trabajo es novedoso por su uso riguroso de pequeños formatos en toda su carrera artística tratando de expresar la monumentalidad de la Sabana de Bogotá. La obra Paisaje Tapias de Adobe es un ejemplo de esta búsqueda. La grandeza de Roberto Páramo está en la habilidad de poder trasmitir la majestuosidad de la naturaleza en pequeños formatos. Páramo consiguió que sus pinturas comunicaran la belleza del paisaje estudiando de manera sistemática la construcción de sus obras, eliminando cualquier elemento superfluo que distrajera esa visión. En sus cuadros no existe nada innecesario. Se anticipó al minimalismo contemporáneo en la medida en que, con muy pocos elementos, logró producir el mayor impacto expresivo. En ellos se acerca a las afirmaciones de Edgar Degas (1834-1917) “Un cuadro es algo que exige tanta astucia, malicia y vicio como la perpetración de un crimen[16]” y “lo que hago es el resultado de la reflexión y el estudio de los grandes maestros; nada sé de inspiración, de espontaneidad, de temperamento. Hay que repetir diez, cien veces el mismo tema. Nada en el arte debe parecer casual, ni siquiera el movimiento[17]”. Así lo demostró el maestro Páramo a través de una obra muy reflexionada y serena.

 

 Bibliografía

Giraldo Jaramillo, Gabriel. “La miniatura en Colombia.” En La miniatura, la pintura y el grabado en Colombia, 35-142. Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2017.

González, Beatriz. Roberto Páramo: Pintor de la Sabana. Bogotá: Carlos Valencia Editores, 1987.

Minervino, Fiorella, La obra pictórica completa de Degas. Barcelona: Editorial Noguer SA, 1980.

Quintana, Jorge. “Serrano Rueda por la Sabana.” Boletín Cultural y Bibliográfico. Último acceso Septiembre, 2023, https://publicaciones.banrepcultural.org/index.php/boletin_cultural/article/view/2448

Sala de Arte Bancolombia, “Paisaje Tapias de Adobe”. Última actualización Mayo 1, 2021. https://my.matterport.com/show/?m=GQS999F7iVe

Salvat, Manuel. Historia del arte colombiano: Tomo 6. España: Salvat Editores, 1977.

Sánchez Jiménez, Antonio Esteban. “Entrevista con Antonio Esteban Sánchez Jiménez: remembranzas del maestro Roberto Páramo: su importancia en el arte del Caribe colombiano.” Entrevista por Piedad Sánchez Molinares. Huellas, Revista de la universidad del Norte, no. 60-61, Diciembre, 2000. https://link.gale.com/apps/doc/A114368306/IFME?u=anon~b0e0c41c&sid=googleScholar&x id=bbe5effc

Serrano, Eduardo. La escuela de la Sabana. Bogotá: Museo de arte moderno de Bogotá, Novus ediciones, 1990.

Serrano, Eduardo. Roberto Paramo: Paisaje, bodegón, ciudad. Bogotá: Museo de arte moderno de Bogotá, Novus Ediciones, 1989.

[1] Jorge Quintana, “Serrano Rueda por la Sabana,” Boletín Cultural y Bibliográfico, último acceso Septiembre, 2023.

[2] Eduardo Serrano, La escuela de la Sabana (Bogotá: Museo de arte moderno de Bogotá, Novus ediciones, 1990), 84.

[3] Beatriz González, Roberto Páramo: Pintor de la Sabana (Bogotá: Carlos Valencia Editores, 1987), 9.

[4] Eduardo Serrano, La escuela de la Sabana (Bogotá: Museo de arte moderno de Bogotá, Novus ediciones, 1990), 84.

[5] Serrano, La escuela de la Sabana, 84.

[6] “Paisaje Tapias de Adobe,” Sala de Arte Bancolombia, última actualización Mayo 1, 2021.

[7] Antonio Esteban Sánchez Jiménez, “Entrevista con Antonio Esteban Sánchez Jiménez: remembranzas del maestro Roberto Páramo: su importancia en el arte del Caribe colombiano,” entrevista por Piedad Sánchez Molinares, Huellas, Revista de la universidad del Norte, no. 60-61, Diciembre, 2000.

[8] Beatriz González, Roberto Páramo: Pintor de la Sabana (Bogotá: Carlos Valencia Editores, 1987), 13.

[9] Manuel Salvat, Historia del arte colombiano: Tomo 6 (España: Salvat Editores, 1977), 1243.

[10] Gabriel Giraldo Jaramillo, “La miniatura en Colombia,” en La miniatura, la pintura y el grabado en     Colombia (Bogotá: Ministerio de Cultura : Biblioteca Nacional de Colombia, 2017), 82.

[11] Giraldo, “La miniatura en Colombia,” 35.

[12] Giraldo, “La miniatura en Colombia,” 139.

[13] Eduardo Serrano, Roberto Paramo: Paisaje, Bodegón, ciudad (Bogotá: Novus ediciones, 1989), 52-53.

[14] Eduardo Serrano, Roberto Paramo: Paisaje, Bodegón, ciudad, 94.

[15] Eduardo Serrano, Roberto Paramo: Paisaje, Bodegón, ciudad, 96.

[16] Fiorella Minervino, La obra pictórica completa de Degas (Barcelona: Editorial Noguer SA, 1980), 14.

[17] Minervino, La obra pictórica completa de Degas, 13.

Figura 1: Detalle de Paisaje Tapias de Adobe de Roberto Páramo
Figura 2: Detalle de Paisaje Tapias de Adobe de Roberto Páramo
Figura 3: Detalle de Paisaje Tapias de Adobe de Roberto Páramo