Montagne Sainte-Victoire: El paisaje en movimiento y la evolución de la técnica de Cézanne

Montagne Sainte-Victoire: El paisaje en movimiento y la evolución de la técnica de Cézanne

Montagne Sainte-Victoire: El paisaje en movimiento y la evolución de la técnica de Cézanne

Por Catalina Silva Correa

Imagen 1. Paul Cézanne, Montagne Sainte-Victoire, Ca. 1880, 65 x 95.2 cm Óleo sobre tela. Musée d’Orsay. | Ver más

El tiempo y su cambio dan pie a que se requieran nuevas formas de narrar historias. La evolución del ser humano nos hace pensar en lo que se necesita para expresar ciertos sentimientos y la manera en la que se deben tomar decisiones artísticas para alterar las formas que se conocen de arte. Así pues, es posible decir que el arte también tiene esta capacidad de evolución y transformación, dado que a través de este es posible entender cómo el artista utiliza sus medios para comprender su entorno y este busca ir más allá con el fin de explorar nuevas técnicas, campos, espacios y materiales y de esta forma trabajar aspectos que el arte clásico había visto como irrelevantes. Esta transformación de los medios artísticos también permite que el artista pueda representar la forma en la que este percibe y la forma en la que lo traduce en el arte.

Los paisajes de Paul Cézanne expresan esta transformación del arte de manera que buscaba entender la evolución del tiempo y el cambio en sus perspectivas a partir del paisaje estático y sin cambios. Este ensayo busca entender la forma en la que los paisajes de su serie de la Montagne Sainte-Victoire fueron el detonante para el inicio de movimientos artísticos como el Cubismo y el Postimpresionismo. Esto se realizará en primera instancia al entender cómo el paisaje se convirtió en un aspecto para comprender la pintura, no como un mimetismo, sino como un experimento del arte, método de expresión y  manera de entender el tiempo siempre cambiante. Por otro lado, se trabajará la manera en la que las formas empiezan a ser mucho más estructuradas y trazos más violentos y un uso de tonos más fuertes. Por último, se analizará la manera en la que la evolución en la técnica y en el estilo a partir de la teatralidad en la obra genera que esta permita expresar diferentes sentimientos en el artista y el espectador, así como el cambio en lo que se consideraba válido en el mundo del arte.

Para la realización de este ensayo es necesario tener un entendimiento más conciso de la serie Montagne Sainte-Victoire. Se comenta que el interés por este paisaje está ligado al regreso del artista a Aix-en-Provence y cómo esta montaña no solo formaba parte de su infancia, sino que también era una forma de investigar y entender la naturaleza. Asimismo, hace pensar en la forma en la que buscaba experimentar con el arte al intentar plasmar sus experiencias en sus obras.[1] La producción de estos paisajes demuestra cómo el artista se apropia de esta montaña y cómo a través de la experimentación con lo propio se trabajan los deseos artísticos de Cézanne. Al indagar en las obras es posible ver que los paisajes se transforman y reconstruyen; no obstante, mantienen su esencia. Cézanne explora la montaña de Sainte-Victoire cómo una forma de entender la geografía, las formas y colores que lo acompañan. Esta colección de paisajes encapsula su perspectiva de la montaña Sainte-Victoire en Provenza. En sus primeras obras del paisaje en 1880 Montagne Sainte-Victoire (imagen 1) se percibe que el paisaje tiene una construcción mucho más clásica y que se asocia a esta idea de la línea más identificable, con pinceladas delicadas y que permiten que las formas del paisaje sean mucho más claras. En esta vista de la montaña se evidencia que cada uno de los elementos están iluminados adecuadamente lo que permite identificar cada una las formas y construcciones dentro de la imagen.

En su paisaje de 1897 se observa cómo la noción tradicional del género se pierde lentamente, pues en Mont Sainte-Victoire Seen from the Bibémus Quarry (imagen 2) se identifica que las figuras tienen una construcción y estructura no tan claras como en Montagne Sainte-Victoire. Asimismo, se observa que los árboles tienen tonos que juegan con la iluminación y que, aunque las diferentes formas de la naturaleza son reconocibles, se empieza a percibir esta idea de lo abstracto en sus composiciones. La obra presenta  construcciones y pinceladas mucho más violentas, así como tonos que se hacen cada vez más fuertes por la yuxtaposición de tonos fríos en la montaña y tonos más cálidos en la arquitectura.

La abstracción se visibiliza más en su periodo de 1902-1906, en donde la mayoría de las obras de esta serie fueron realizadas.  Las representaciones artísticas durante este periodo pierden la estructura clásica del paisaje y se observa que hay un mayor uso de las pinceladas violentas que se sienten arbitrarias. En estos cuadros (imagen 3, 4 y 5) se observa que el paisaje tiene formas más geométricas y que intenta componer la naturaleza a partir de sus formas más básicas. Del mismo modo, se identifica que las figuras se han transformado y que no tienen una estructura tan clara y determinada como en los otros pasajes de la montaña. También es posible identificar que en la composición de la obra de este periodo se ha perdido la idea de usar todo el lienzo para representar el paisaje. Se percibe que las obras presentan diferentes espacios en blanco o vacíos. Estos hacen pensar la forma en la que el paisaje de Cézanne se ha convertido en un espacio para crear algo más único y personal.

Estas obras son una especie de autobiografía para Cézanne, el cual se dedicó a volver a este paisaje múltiples veces y que representó diferentes periodos en su vida artística y personal. En la pintura de paisaje de la Provenza, una zona domina especialmente la imaginería de Cézanne: la campiña al este de Aix. (…) Siempre volvía a Sainte-Victoire con una fascinación parecida a la obsesión. La montaña aparece en al menos veinticinco lienzos desde principios de la década de 1880 hasta su muerte en 1906.[2] A través de esto es posible ver que la montaña de Sainte-Victoire es tomada como inspiración para Cézanne y que la producción de estas pinturas es un constante análisis del espacio en el que se encuentra. Al trabajar el espacio desde diferentes puntos de vista se identifica que el artista tiene un deseo de entender y explorar este paisaje. Combinado con esto, el artista también explora diferentes técnicas y colores que van más allá de las tendencias que se trabajaban en su momento.

Llama la atención que Cézanne explora la montaña de Sainte-Victoire al igual que muchos otros impresionistas como Monet y Pissarro lo habían hecho. Sin embargo, a diferencia de estos artistas, Cézanne no buscaba comprender el mismo espacio en diferentes momentos y capturar la manera en la que el espacio cambia. Cézanne buscaba entender el paisaje desde cada perspectiva y lo que cambia en las obras, no es la iluminación o el color, es la manera en la que el artista entiende el espacio y cómo lo presenta. Sin ser réplicas ni variantes idénticas (y en ese sentido diferente de los cuadros deliberadamente seriados de Monet creados más o menos en la misma época), las repetidas evocaciones de Cézanne de la montaña son composiciones independientes, cada una por sí misma. No obstante, es posible distinguir dos grupos ampliamente homogéneos, cada uno de ellos determinado por los puntos de vista y los estilos elegidos por Cézanne.[3] Esta creación de paisaje es profundamente personal e íntima. Hace pensar en sus procesos personales y cómo el arte es tomado como una forma de experimentar. Así mismo, es interesante notar cómo estos dos estilos de la Montagne de Sainte-Victoire hacen notar la presencia de este interés por entender el espacio en múltiples vistas y entender la montaña como un personaje del panorama. Así bien, como comenta Mary Tompkins Lewis, la escasa docena de lienzos del Monte Sainte-Victoire pintados en la cresta de Les Lauves fueron realizados probablemente en un lapso de unos cuatro años y a distintas horas del día; cada uno de ellos aborda el motivo con un objetivo ligeramente diferente. La mayoría de los estudiosos han discernido con cautela en la serie una progresión estilística hacia una manera tardía, más generalizada y apasionada.[4]  A través de esto, es posible entender cómo el paisaje de Cézanne buscaba comprensión a partir de lo estático y por medio de los cambios que el artista realizaba a su técnica y a la forma en la que observaba la obra.

Ligado a esto, es posible notar cómo a partir de esta constante evolución en las obras de Cézanne el paisaje consigue un tono menos apasionado y casi violento. Con estas formas más energéticas se evidencia que las pinceladas le dan un mayor peso a la composición. Del mismo modo, en el proceso de creación de la obra el artista buscaba representar la naturaleza en su forma más básica. Para conseguir esto, Cézanne se remite al uso de cubos, cilindros y esferas, con las cuales es capaz de transformar ciertos aspectos básicos del paisaje con el fin de que sean, por un lado, más sencillas de capturar y por otro, den una nueva experiencia al espectador. Así pues, estas formas geométricas que representan la montaña y sus componentes son una de las formas originales del movimiento del cubismo, en donde se buscaba alejarse de la posición naturalista que se trabajaba en el impresionismo. Es posible notar que Cézanne trabaja esta idea de lo no naturalista, no obstante, es innegable que el artista busca asociarse a la idea y a la forma en la que el artista ve y percibe. Según Kurt Badt en The Art of Cézanne, el artista se dedicaba a constituir el paisaje de tal forma que sus componentes básicos se formaban a partir de masas y formas de colores. Dado que el propósito interno de Cézanne como artista era retratar «lo que se mantiene inalterado» , las cosas para él no eran ni individuales, ni únicas en el sentido de excepcionales, ni típicas del carácter general de su clase.[5] Ahora bien, estas formas con las que construye el paisaje dan pie a entender la manera en la que Cézanne explora esta idea de lo natural y lo abstracto. Esta discusión entre estas dos temáticas hace pensar en la forma en la que el artista busca crear con el fin de expresarse y no tanto con la idea de adaptarse a un lenguaje artístico clásico. Richard Shiff expone que la técnica empleada en las obras de Cézanne también son aspectos que representan esta idea de lo único y lo personal. Quizá podamos observar, no sin cierta ironía, que el artista muestra aspectos técnicos muy poco convencionales, pero de una forma reiterada, como si poseyeran un significado especial que acabase resultando «convencional» (al menos en su arte).[6]  Así pues, la forma más íntima del artista puede verse identificada a través de su técnica y la forma en la que Cézanne explora las pinceladas más gruesas, violentas y rápidas que estructuran cada una de las formas del paisaje. Asimismo, se identifica cómo el paisaje cobra vida a través del uso de color que se mezcla y enlaza con cada una de las estructuras naturales.

La naturaleza y el color también son aspectos que se relacionan a las obras de Cézanne. Este aspecto de representar según la observación del artista también se presenta a partir del uso del color. Esto se debe a que los colores se reflejan y se sobreponen con las estructuras naturales y humanas de la imagen. Es posible notar que el artista usa tonos cada vez más fuertes al pasar el tiempo. En sus paisajes más recientes, como Mont Sainte-Victoire and Château Noir (imagen 3), se identifica una paleta de colores más intensa, mientras que en sus paisajes iniciales de la montaña de Sainte-Victoire se trabajan colores mucho más fríos y tranquilos. La yuxtaposición de colores en sus paisajes del periodo de 1902-1906 hacen pensar en cómo el artista explora la idea del paisaje natural y el paisaje creado por el humano, dado que, a comparación de sus paisajes de 1880 y 1897, la arquitectura tiene un valor más evidente. John Gilmour comenta en su texto Improvisation in Cézanne’s Late Landscapes que la idea de Cézanne de que el artista crea «una armonía paralela a la naturaleza» indica su convicción de que este equilibrio debe formarse a partir de los elementos que entran en su obra. Su principal preocupación es conseguir armonías de color, aunque su interés por las relaciones cromáticas difiere de la autonomía del color que posteriormente defendieron los críticos formalistas. En cambio, sus armonías de color expresan una interpretación autoconsciente de la naturaleza, que aprende a leer en clave.[7]  A parir de esto es posible identificar que la concordancia del color también hace parte de la evolución del artista y que a través de estos aspectos se evidencia cada vez más las tendencias postimpresionistas y cubistas.

Adicionalmente, otro aspecto que evidencia la evolución del artista y de sus paisajes y el inicio de movimientos como el Postimpresionismo y el Cubismo es el uso del espacio como un aspecto teatral y que permite que la naturaleza se desarrolle y desenvuelva por sí misma. Es posible notar como Cézanne crea estas composiciones de manera que se empieza a perder los diferentes planos de la obra ya que se fusionan y combinan. Al hacer esto, abandona la perspectiva y acentúa la superficie pintada, haciendo que el fondo y el medio se ubiquen en el mismo plano. Con esto, el paisaje se convierte en una composición energética que le da vida a la montaña. Esta se expandirá y se liberará del marco que el pintor le había impuesto inicialmente, primero encerrándola entre troncos de árboles verticales y más tarde acariciándola hábilmente con ramas onduladas. Estos elementos clásicos, que aportaban profundidad al espacio pictórico, serán abandonados, permitiendo a la montaña su plena autonomía.[8] Esto se evidencia en las imágenes 3 y 4, donde la montaña se ve mucho más cerca del espectador y, a diferencia de la imagen 1, no existe una perspectiva del espacio y es difícil notar la distancia entre la montaña, la arquitectura, los árboles y el espectador. A partir de esta pérdida de perspectiva llama la atención que el paisaje se convierte en una construcción más abstracta y donde hace que el espectador se cuestione sobre las diferentes formas, su tamaño real y la forma en la que el artista las representa. Llama la atención que el espacio se convierte en algo que puede ser alterado y que genera que se cuestione.

La serie de paisajes de Cézanne de la Montagne Sainte-Victoire es un ejemplo claro del paso del tiempo y el cambio de la perspectiva del artista. También es capaz de demostrar cómo a partir de algo estático el artista continuamente explora nuevas formas de trabajar aquello que le atrae. Asimismo, hace pensar en la forma en la que estas nuevas técnicas y experimentaciones son algo que siempre está presente, se expone constantemente en las obras y en el arte. Las composiciones de Cézanne dan un vistazo a las tendencias del artista y la manera en la que este buscaba crear obras que se distanciaran de lo que se venía trabajando en el arte hasta los inicios del siglo XX. Estas nuevas ideas, técnicas y observaciones dieron pie a que se considerara experimentar con nuevas formas de entender el paisaje y al ser mismo; igualmente, dio la oportunidad que nuevos artistas se desligaran de estas construcciones arcaicas y que se indagaran las propuestas más novedosas y modernas de Cézanne. Es interesante cómo el color y las formas geométricas se convierten en un aspecto que es cada vez más utilizado por los artistas de la época y que busca trabajar la naturaleza desde sus formas más básicas y puras. A través de esto, el artista se aleja de lo natural más clásico y se aproxima a la idea de lo natural entendido por el artista mismo. Estas obras evidencian cómo el paisaje y el entorno son un testigo de los constantes cambios y movimientos dentro del ser humano y la sociedad en la que se encuentra.

Bibliografía

Athanassoglou-Kallmyer, Nina M. Cézanne and Provence: The Painter in His Culture. Chicago: University of Chicago Press, 2003.

Badt, Kurt. The Art of Cézanne. New York: Hacker Art Books, 1985

Conisbee, Philip, Paul Cézanne, y Denis Coutagne. Cézanne in Provence. Washington: National Gallery of Art, 2006.

Gilmour, John C. “Improvisation in Cézanne’s Late Landscapes.” The Journal of Aesthetics and Art Criticism 58, no. 2 (2000): 191–204. https://doi.org/10.2307/432098.

Lewis, Mary Tompkins, and Paul Cézanne. Cézanne. London: Phaidon, 2000.

Murphy, Richard W. The World of Cézanne, 1839-1906. New York: Time-Life Books, 1968.

Shiff, Richard, y Daniel Aguirre Oteiza. Cézanne y el Fin Del Impresionismo: Estudio de la Teoría, la Técnica y la Valoración Crítica Del Arte Moderno. Boadilla del Monte: Visor Distribuciones, S.A, 2018. https://uniandes-odilotk-es.ezproxy.uniandes.edu.co/info/00887570

Smith, Paul. “Cézanne’s ‘Primitive’ Perspective, or the ‘View from Everywhere.’” The Art Bulletin 95, no. 1 (2013): 102–19. http://www.jstor.org/stable/43188797.

[1] John. C. Gilmore, “Improvisation in Cézanne’s Late Landscapes.” The Journal of Aesthetics and Art Criticism 58, no. 2 (2000): 192
[2] Nina Maria Athanassoglou-Kallmyer, Cézanne and Provence: the painter and his culture (Chicago: University of Chicago Press, 2003), 149-152
[3] Ibid., 149-152
[4] Mary Tomkins Lewis y Paul Cézanne, Cézanne, (London: Phaidon, 2000), 295-307.
[5] Kurt Badt, The art of Cézanne (New York: Hacker Art Books, 1985), 161
[6] Richard Shiff y Daniel Aguirre Oteiza, Cézanne y el Fin Del Impresionismo: Estudio de la Teoría, la Técnica y la Valoración Crítica Del Arte Moderno (Boadilla del Monte: Visor Distribuciones, S.A, 2018).
[7] Gilmore, “Improvisation in Cézanne’s Late Landscapes.” 191–204
[8] Philip Conisbee y Denis Coutagne, Cézanne in Provence(Washington: National Gallery of Art, 2006), 160
Imagen 2. Paul Cézanne, Mont Sainte-Victoire Seen from the Bibémus Quarry, Ca. 1897. The Baltimore Museum of Art. Óleo sobre tela.   | Ver más
Imagen 4. Paul Cézanne, Mont Sainte-Victoire and Château Noir, 1902-1906, 821 x 662 cm, óleo sobre lienzo, Artizon Museum, Ishibashi Foundation.   | Ver más
Imagen 3 . Paul Cézanne, Mont Sainte-Victoire, 1902-1906, 65.1 x 81.3 cm. óleo sobre tela.  The Nelson-Atkins Museum of Art, | Ver más
Imagen 5. Paul Cézanne, La Montagne Sainte-Victoire, 1902-1906, 63 x 83 cm, Óleo sobre lienzo. Kunsthaus Zürich  | Ver más